Band Companion
App para bandas que graba los ensayos y los convierte en material de estudio: tomas ordenadas por canción, loop A/B, cambio de tono y marcadores con categoría.

Band Companion es una app para bandas que graba los ensayos y los convierte en material de trabajo: cada canción del repertorio tiene sus tomas, ordenadas por fecha, y todo lo necesario para estudiarla. La app de Android ya está en Google Play y el cliente web está abierto en bandcompanion.net; la cuenta es la misma en ambos lados, y cada cual ve solo los grupos de los que es miembro. Lo que sigue es el recorrido por las pantallas, con capturas de la app tal como está hoy.
Banda, canciones, tomas
El repertorio es una lista, no una carpeta: se busca por título o por artista, se ordena por título, artista o fecha, y se arrastra hasta dejarlo en el orden que la banda quiera. Cada canción lleva su tonalidad y su tempo objetivo, y todo el grupo ve exactamente lo mismo.

Cada canción, un dosier
En la ficha de la canción caben, en pestañas, las partituras, las letras, las tomas, las notas libres y los enlaces de referencia (Spotify, YouTube): nada de hurgar en tres apps diferentes a la hora de ensayar. La partitura puede ser un PDF adjunto o un cifrado escrito dentro de la app, con la estructura marcada —intro, estrofa, estribillo, instrumental, final— y los acordes de cada parte.

Grabar sin pensar en ello
Eliges la canción, pulsas grabar y la app sigue grabando con la pantalla apagada. Al pararla, la toma cuelga de la canción que toca y aparece en la lista de inmediato; el análisis de tempo corre aparte y, cuando termina, el BPM queda junto a la duración. Cada toma se puntúa de 0 a 5 y una se marca como la definitiva, de modo que cuando vuelves a ella al cabo de tres meses ya sabes cuál escuchar. Si ya tienes audios de ensayos viejos en el móvil, se importan veinte de golpe hacia una canción.

Un reproductor para estudiar, no para escuchar
Forma de onda con precisión de milisegundo —calculada al grabar, de modo que el reproductor no tiene que descodificar el audio para pintarla—, loop A/B sin hueco entre vueltas, y cambio de tono (±12 semitonos) y de tempo (0,5×–1,5×) independientes el uno del otro. Los marcadores llevan categoría y autor —«errores a pulir», «momentos chulos», «notas de arreglo»— y se filtran por ambas cosas; durante el ensayo se ponen con un pedal Bluetooth, sin tocar el teléfono.

Partituras que se anotan
Los PDF de partitura se anotan encima con lápiz, texto y goma, en cuatro colores: rodear el compás que no sale, escribir «aquí escobillas, no baquetas» al margen, marcar el fragmento que se repite. El original no se toca nunca —las anotaciones se guardan aparte— y se exportan fusionadas cuando hay que imprimirlas.

Bolos y setlists
Un calendario de conciertos con la fecha y el lugar de cada uno, y los próximos listados debajo para no tener que ir a buscarlos al mes que toca.

El setlist, en el orden en que se toca
Cada bolo lleva su setlist numerado: las canciones se añaden y se arrastran hasta dejarlas en el orden en que sonarán, y el listado se exporta en PDF a tamaño de folio para dejarlo encima del atril. También se hacen setlists sin fecha, que es lo que sirve para preparar un ensayo centrado en media docena de canciones.

La letra en el bolo, sin atrilista
El modo Sing pone la letra a pantalla completa y la hace avanzar sola: le dices cuánto dura la canción y reparte el tiempo entre las líneas según lo larga que sea cada una, de modo que una de dos palabras pasa deprisa y una de doce se queda. Si la letra lleva marcado un instrumental de veinte segundos, se detiene veinte segundos diciéndolo y luego continúa, y esos segundos se descuentan del total: en una canción de 130 segundos con instrumentales de 20 y de 10, la letra se desplaza en los 100 que quedan. El tamaño del texto se configura una sola vez, en Ajustes.

En el local de ensayo no hay cobertura
Es un sótano: la conexión es mala o directamente no está. La app graba y guarda en el dispositivo igualmente, y envía los cambios y los archivos pendientes cuando la red vuelve. La pantalla de sincronización dice siempre cuántos cambios y cuántos archivos quedan, que es la única manera de que nadie se vaya a casa pensando que ha subido algo que todavía está en el móvil.

Dónde viven los archivos
Las grabaciones se comprimen a AAC antes de subirlas —unas quince veces menos que el WAV que sale del micrófono— y van a un almacén privado, organizadas por grupo y canción. La app no lleva ninguna credencial dentro: cada subida y cada descarga pasa por un enlace temporal que se emite solo después de comprobar que quien lo pide es miembro del grupo propietario. Quién ve qué bandas no lo decide la app, lo decide la base de datos.
Gratis mientras lo pruebas
En modo libre todo se queda en el dispositivo y no cuesta nada. Cuando la banda quiere compartir material —que es cuando entran en juego el almacén y la sincronización— se pasa a un plan por grupo. Se puede empezar instalando la app desde Google Play o abriendo el cliente web en bandcompanion.net.